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(5) La paradoja de Pablo
Peripatwmen kata taV entolaV autou! (II-Jn 6)
I
Quienes estudian el Nuevo Testamento pueden notar con sorpresa que el texto no contiene virtualmente ninguna cita de Cristo en ninguna parte de las epístolas de Pablo. Con la única excepción de la fórmula eucarística en I-Cor 11:24-25, él nunca repite ni un dicho del Yeshúa/Jesús histórico, ni los que encontramos en los evangelios escritos ni de una tradición oral contemporánea.¹ Más aún, jamás alude al panorama biográfico del Salvador desde la Navidad hasta la Pasión, además de su enseñanza elaborada allí, los cuales llenan las páginas de los primeros cuatro libros del Nuevo Testamento. Esto es, a primera vista, una omisión muy desconcertante. (¹aunque, asombrosamente, en Hch 13:24-25 él cita a Juan Bautista; Hch 20:35, en cambio, es un dicho de Tucídides, La guerra del Peloponesio, II.97.4; mientras que Hch 26:14 es de las líneas 1660-1 del Agamenón de Esquilo)
Además de esta notable falta de interés histórico, hay un aspecto todavía más enigmático en los relatos de Pablo en el Nuevo Testamento. Ello lleva a que una lectura objetiva y filosófica de los documentos parece revelar varias contradicciones lógicas, tanto en su biografía como en su teología si la comparamos con la de los evangelistas.
Hay que dar énfasis a que estas anomalías son de tipo conceptual y no empírico. Pues aunque por supuesto se localizan dentro de contextos históricos, teológicos y normativos entretejidos en el NT, no obstante se presentan como problemas de consistencia analítica y a priori entre varios textos— independientemente de la verdad o falsedad empírica de cualquier afirmación hecha o presupuesta por aquellos textos. Además, estas discrepancias también hay que distinguirlas de cuestiones lógicamente posteriores, referentes a la antigua composición, edición, redacción o datación de las escrituras del NT— todos los cuales son asuntos empíricos/históricos.
En resumen y dicho más formalmente: las antinomias paulinas son contradicciones lógicas y por eso en principio no pueden ser resueltas ni por medio de una investigación histórica ni por una crítica textual, que son ambas metodologías empíricas.
Tampoco es éste el lugar para proporcionar un repaso de la cantidad de comentarios anteriores sobre estas complicadas cuestiones. Solamente me referiré a un gran número de citas de varios individuos eminentes, que están de acuerdo en que las doctrinas de Pablo parecen claramente opuestas al mensaje del evangelio. Estos extractos bastarán para mostrar que lo que se podría llamar ‘la paradoja de Pablo’ ha sido reconocida por un espectro muy amplio de personas destacadas a lo largo de los siglos.
II
Aquí
pues está la matriz de las antinomias, junto con resúmenes
breves de la aparente contradicción lógica en cada
caso.Hay que referirse siempre al griego original, al menos vía
el interlinear superlativo de Adolph Knoch (Biblio.17),
ya que las traducciones desde la antigüedad a menudo han
empañado— intencionalmente— estas mismas
discrepancias. Se
debe tener en cuenta, sin embargo, que tales contrastes son a menudo
analógicos en lugar de binarios en sí; como tan
corriente en la vida real, en lugar de o
el uno o el otro,
puede ser un caso de más
o menos— como
por ejemplo en #16,
donde uno podría donar a los pobres desde nada, hasta todo que
posee (véase
Lc 19:8-9, pero también Hch 5:1-11!).
Otros de las dicotomías siguientes, por otro lado, son
irreduciblemente binarias en forma.
|
• 01.
Hch
9:7 (cp.
Dt 4:12)
||
Hch 22:9 |
|
• 02.
Hch
9:26-29 || Gál 1:17-2:1 |
|
• 03.
Mt
1:16, 22:41-45, Lc 3:23 || Rom 1:3 |
|
• 04.
Lc
2:49, 19:45-46 || Hch 17:24 |
|
• 05.
Hch
1:15 || I-Cor 15:6 |
|
• 06.
Mt
10:2+40, 16:15-19 || Gál 2:6+11-13
|
|
• 07.
Mt
28:16-20, Hch 10:1-11:18, 15:7-8+13-18 || Gál 2:6-9
|
|
• 08.
Mt
5:48, Lc 1:6, Jn 1:14, 6:53-56 || Rom 8:8
|
|
• 09.
Lc
24:36-43, Jn 11:43-44, 20:27, Hch 1:9-11, Fel
25 ||
I-Cor 15:42-50 |
|
• 10.
Lc
4:5-8, Jn 18:36, 19:18, Hch 4:26 (Sal
2:2)
||
Rom 13:1-5 |
|
• 11.
Mt
22:21 || Hch 25:11 |
|
• 12.
Dt
23:15-16, Mt 23:10-12, Jn 8:31-36 || Col 4:1, I-Tim 6:1-2, Flm
10-19 |
|
• 13.
Mt
12:46-50, 23:8-9, Lc 14:25-26, Jn 1:12-13, 3:1-8, 11:52 || Col
3:18-21, I-Tim 5:8 |
|
• 14.
Mt
19:10-12, Lc 14:20-26, 18:28-30, 20:34-36, Fel
64!
||
I-Cor 7:2-16+9:5?,
Ef 5:22-24, I-Tim 3:1-4:3 |
|
• 15.
Núm
6:5, Lev 19:27, Mt 2:23 (Jue
13:5),
Vrd
21 ||
I-Cor 11:14 |
|
• 16.
Mt
6:24-34, 10:8, Mc 10:13-31, Lc 10:38-42, 14:28-33, Hch 4:32-36 ||
Hch 18:1-3, I-Cor 11:34, II-Tes 3:6-12 |
|
• 17.
Mt
11:25, 18:1-5, 21:16 (Sal 8:2), Mc 10:15, Tom 4 || I-Cor 13:11
|
|
• 18.
Mc
7:14-23, Lc 7:34 || Rom 14:21, I-Cor 8:13
|
|
• 19.
Mt
12:19 (Isa
42:2),
Lc 10:7 || Hch 17:16-34, 20:20 |
|
• 20.
Mt
6:5-6 || I-Tim 2:8 |
|
• 21.
Mt
18:1-4, Mc 9:33-35, Lc 14:7-11 || II-Cor 11:5-12:13
|
|
• 22.
Mt
5:43-48, 7:1-5, 9:10-13, 18:21-35, Jn 8:2-11 || I-Cor 5, Gál
5:12, Tit 3:10-11 |
|
• 23.
Mt
23:8-12 || Hch 20:28, Gál 4:19, Flp 2:22, I-Tim 1:2,
3:1-13 |
|
• 24.
Gén
17:10, Lc 2:21 || Hch 16:3?,
Gál 5:2, Flp 3:2, Tit 1:10-11 |
|
• 25.
Lc
11:27-28, Jn 4:1-30, 11:20-35, 20:11-18, Tom
21 ||
I-Cor 14:34-35, I-Tim 2:11-15 |
|
• 26.
Lc
7:36-8:3, 10:38-42, 23:55-24:11, Jn 12:1-3, Tom
61b,
114,
Fel
59 ||
I-Cor 7:1-2, Ef 5:22-24 |
|
• 27.
Mt
3:11-17, 28:19-20, Fel
73,
96,
115!
||
Rom 6:3-4, Col 2:12 |
|
• 28.
Lc
23:43, Jn 5:24, 8:51, Ap 20:4-6, Tom
1,
18,
19,
111,
Fel
43 ||
I-Tes 4:16-17 |
|
• 29.
Gén
4:1-5, Mc 15:10 || I-Tim 6:10 |
|
• 30.
Mt
5:17-19, 19:16-19, Lc 16:29-31, Hch 21:17-24!,
4QMMT:C.26b-31¹||
Rom 7:6, Gál 3:10, 5:18 |
|
• 31.
Mt
7:21, 11:2-6!,
19:16-19, 25:31-46, Jn 13:34!,
14:21, 15:10, Stg 2:14-26 || Rom 3:28, 10:9, I-Cor 15:35-44
|
|
• 32.
Gén
49, Jue 2:16 y ss., Mt 19:28, Hch 1:13-26, Ap 2:2!,
21:14, Bernabé
8:3!
||
I-Cor 9:1-2, II-Cor 11:5-13 |
III
Pablo de Tarso es una figura enigmática y paradójica. Trabado en el dilema ético de designar a todo mundo transgresores según la Torah, a la vez rechazando la Torah precisamente por los haber condenado (Gál 3:10!), no conocía las enseñanzas y prácticas históricas de Cristo; ni fue dispuesto aprenderlas de los apóstoles originales (Gál 2:6). Así su soteriología se centró exclusivamente en la Pasión, de la que estaba enterado, interpretándo la misión de Cristo como enteramente un sacrificio del AT. Mientras que el mensaje mesiánico novador— las enseñanzas de Cristo, encarnadas in su estilo de vida, elaborado por todos los evangelios canónicos antes de las narrativas de la Pasión— permaneció completamente ignorado por Pablo. (Sobre la moralidad bíblica trinaria, véase Perfecto en Fel Notas)
Esto no es negar que compuso unos elocuentes pasajes poéticos (tal como Col 1:15-20); pero es necesario considerarlos, a la luz de los conflictos doctrinales arriba descritos, nada más que adornos en sus escritos. Aquellos documentos, en su totalidad, proclaman un discipulado que es básicamente incompatible con el mensaje del propio Cristo, recordado en los evangelios históricos.
Importantemente, antes de Clemente de Alejandría e Iréneo de Lyón, a fines del siglo II, no hay ningún autor que cita tanto a los evangelios como a las epístolas paulinas. Así hubo un período de cisma sumamente largo, entre la comunidad de los Doce y la de Pablo, antes de los intentos más tempranos de integración.
Pero la ironía, por supuesto, es que los evangelios canónicos mismos, de cuya tradición Pablo estaba tan manifiestamente ignorante, fueron preservados finalmente sólo por la Iglesia Paulina— la cual en fin ha diseminado por todo mundo el mismo AT que Pablo había despreciado. En cambio, parece que la Iglesia Petrina/Apostólica (que uno solamente podía entrar por un renuncio personal total; véase #16, arriba) no sobrevivió las persecuciones de los primeros siglos.
Pablo estaba encargado del apedreamiento de San Esteban (Hch 7:58-8:1), puesto que según Dt 17:7 los ‘testigos que pusieron sus mantas a sus pies’— es decir, quienes estaban bajo su autoridad directa— eran obligados a tirar las primeras piedras. ¿Fue también ‘el capitán de la guardia del Templo’ que detuvo a Kefa y Juan in Hch 4:1? ¿Se podría aun preguntar sobre su actividad en la noche del arresto de Cristo mismo? (Recuérdese que Lc 22:63-65 se lleva a cabo por la guardia del Templo y no por los romanos.) De ahí tal vez el problemático II-Cor 5:16, EGNWKAMEN KATA SARKA CRISTON: «Hemos conocido a Cristo según la carne.» ¡Esto ciertamente explicaría la obsesión posterior de Pablo por el perdón no merecido!
Sea lo que fuere, mi propósito aquí ha sido meramente el de formular una serie de dicotomías bíblicas, las cuales exponen la lógica subyacente del antiguo cisma mesiánico/paulino, como esencialmente un tema conceptual (¡y por supuesto pragmático!) y no empírico. Esto, con esperanza, podría estimular en el lector una reconsideración del estatuto apostólico de Saulo de Tarso. Pues parece que jamás entró en el discipulado de Cristo— lo cual incontestablemente habría implicado aceptar la autoridad espiritual de Pedro— mucho menos se hizo apóstol.
Estas cuestiones básicas ya no pueden ser ni archivadas ni solucionadas por un mandato institucional. Pues su implicación esclarecedora es que la cristiandad tradicional— definida por el canon clásico del NT que incluye tanto los evangelios como la colección de Marcion de las epístolas de Pablo— es lógicamente autocontradictorio y, por tanto, inherentemente inestable (como los siglos siguientes lo han demostrado tan claramente). Desde un punto de vista más positivo, puesto que la enseñanza paulina apunta a un estilo de vida esencialmente antiguotestamentario (familias patriarcales, propiedad, sacerdotes, santuarios, ceremonias, rectitud mosaica), podríamos decir que la cristiandad paulina adoptó el vocabulario del evangelio de manera parabólica. De ahí que, en el ejemplo principal, la Misa o Comunión ha servido en las reuniones periódicas de las iglesias como un símbolo ceremonial de la verdadera convivencia y de ahí lo de comer juntos siempre— que es lo que fue, desde luego, la Eucaristía tal y como se celebraba por la Comunidad Apostólica del siglo primero.