| VUELO
OTOÑAL
La vida es más que emociones,
no sólo inmediato como el dolor,
ni que debiéramos acostarnos
esta noche con alas derretidas
de pasión ardiente
por coquetear con el sol,
encumbrándonos donde las dos son una—
la vista celestial de la tierra.
La vida es también resurrección,
levantarse de nuevo cada aurora cristalina—
la mañana se menea y nos fuimos ya
más allá del rocío parpadeante,
acuñados al sur desde el otoñal resfriado
escarlata, lustrosos gansos plateados
a través del cielo dispuestos en uves
de victoria sobre la noche invernal.
¡Basta! de amargos lagos norteños
que agarran nuestros pies en el hielo
y nos congelan muertos con un fino abrazo
como dan los dominantes mayores,
que sólo quieren ayudarnos a evitar
cualquier cosa que no sea tradición—
la misma vieja visión mundial hastiada
de la que nunca han tenido duda.
Consideran salvajes los gansos, pero tenemos
un ritmo de nuestro propio designio
entre el linaje nuestro errante y pacífico
emigrando por el tejido de las estaciones:
vagamos por el viento buscando la calidez—
primaverando al norte y otoñando al sur,
besamos el mundo en toda la boca
y volamos sobre la tormenta.
¡Nos apoderamos ahora de la libertad!, clamamos,
alzándonos hacia el cielo lila
antes de que la escarcha nos alcance;
nos alegra poder volar tan alto,
coronar las nubes, suspirar
de placer al acostarnos,
apenas saber aun preguntándonos por qué;
nos estremeceríamos si pensáramos en morir.
(tr: Carmen María Bretones Callejas, 2003) |